Esta es la triste realidad de mi vida, he sido expulsado del cielo, y, condenado a tener que trabajar todos los días, la aristocracia mientras tanto se regodea triunfal sobre el olimpo de los dioses, mientras el miserable pueblo, es condenado a tener que trabajar para poder alimentarse, y, pagar tributo, a sus excelencias.
El pueblo mal vive, mientras gobierno y aristocracia, cobran sus tributos, que no son más, que impuestos uno tras otro, con los que nos obligan, a estar bajo el yugo de su opresión, igual que un impuesto revolucionario, al que estamos sometidos.
Mientras ellos se ganan el cielo, el pueblo se pudre en el infierno, mientras ellos disfrutan, el pueblo sufre, mientras ellos se acercan más al dios que ellos mismos han creado, el pueblo se acerca más a la desesperación de todo lo contrario, ellos organizan cuanto van a gozar de placer, mientras los demás somos hundidos en la pobreza, miseria, el odio, la tristeza, y el dolor, y para colmo de males, nos obligan a vivir, para poder seguir alimentándoles.
El sufrimiento de tener que trabajar todos los días, nos conlleva al consumo de drogas que ellos mismos nos venden, engañando nuevamente al pueblo, que no somos más que marionetas en sus manos, abusando de la ignorancia que tenemos al ocultarnos la información, que el pueblo siempre necesitó para poder arrebatarles el poder, quemando los libros, transgiversando la información, he incluso matando a quién posee la cultura necesaria para eliminar ese poder por completo.
No son más que censura, toda esa chusma a la que llaman aristócratas, la misma censura que cuando vivía Franco, exactamente la misma, la libertad brilla por su ausencia, la política está enmascarada bajo la misma gente, sólamente que con otro nombre, pero son los mismos pensamientos la misma forma de encadenar al pueblo, debe de haber siempre un ying y un yang, y alguna opción intermedia, para que pueda haber una buena armonía. No se puede obligar al pueblo a ser privado de su libertad, debe de haber siempre alguna forma, de que todos, absolutamente todos vivan con dignidad, aunque eso les conlleve a su propia muerte, es su derecho a decidir, sobre su propia vida, a la que ninguna forma política, o jerarquía superior, debería no poder decidir por nosotros, en cuanto a nuestra vida me refiero. Es nuestro derecho que podamos decidir si deseamos vivir o morir, y es nuestro derecho decidir en que forma o de que manera podamos hacerlo, sin que nos obligen a seguir alimentándoles, a costa de nuestro sufrimiento.
¡Por una muerte con dignidad!, ¡vota, NO, a la vida! (y no te dejes amedrentar por la muerte, que esto es para vivirlo.)
¡Por una muerte con dignidad!, ¡vota, NO, a la vida! (y no te dejes amedrentar por la muerte, que esto es para vivirlo.)