Aquella era una tarde de esas en las que la niebla se podría cortar con cuchillo de carnicero. Una figura de aspecto tosco, encorvado, y como una sombra que casi flota, en vez de caminar entre la espesa niebla, se acerca lentamente a otra figura, que en ese momento buscaba algo en un bolsillo. La luz de una farola dejaba pasar entre la niebla la justa luz para que ambos personajes, pudieran comunicarse, sin estar en completa oscuridad.
- La maldición. -dijo la figura encorvada.
- ¿La maldición? - preguntó el otro personaje.
- Si, la maldición. - contestó con una voz rota, y casi en un susurro.
En este momento el personaje de ropa grisácea, mirando a los ojos de la figura encorvada y vestida de negro, pudo comprobar más o menos las facciones de la cara de su emisor, nariz larga, aunque no en desmedida, tez pálida y arrugada, por la edad, y unos ojos..., esos ojos..., semi ensangrentados por no haber dormido, hace mucho tiempo, o por la manera en que se fijaba demasiado, en los ojos de su receptor, de tal manera que parecía que iban a estallar en sangre, y la sangre se clavaría en sus ojos como una flecha bañada de veneno.
Continuará...........
Continuará...........